09-05-07

"Si vas a tocar algo, procura que sea mejor que el silencio"

Escribir, ¿qué escribir? Todo tiene un fundamento por el cual querer ser escrito,
hasta lo más ínfimo lucharía porque dedicáramos unas cuantas líneas a sus propiedades. ¿Quién nos puede decir qué es lo más importante? O
¿qué sirve y qué no para escribir sobre él? Pues nada, ni nadie.
Lo obsoleto tiene algo que enseñarnos, lo novedoso tiene algo que

contarnos, lo actual habla por sí solo, y querámoslo o no, la vida escribe acerca de nosotros.
Cuando escribimos sobre hechos populares, que a la masa o a la mayoría le importa,

lo hacemos porque nos grita desesperadamente que la tomemos en cuenta,
pero aquello que nadie admira, aquello que nadie aprecia, no grita para que lo escuchemos, sino que nos demuestra, de una u otra forma, que es digna de ser escuchada.
El valor del silencio se hace obvio ante nuestros ojos cuando escuchamos siempre hablar de lo mismo,

o cuando nos detenemos a escuchar conversaciones cotidianas, en que todos muestran interés en lo que no siempre es lo más importante, y es claro, nadie puede juzgar eso, pero nadie puede tampoco asegurar que
lo que hablamos, es el meollo de la vida. Cuando caemos en esa bruta soberbia, es cuando queremos que las cosas simples
se tomen el poder, y demuestren su valor por sí solas, ya que por nuestra cuenta, no nos hemos percatado.
Está claro que decir en 20 palabras lo que podemos decir en 5, es apreciado en muchos casos, y sobre todo
en el arte, pero el fondo nos sigue importante a algunos, y si bien no somos mayoría, podríamos fingir serla,
y hablar y escribir, cuando realmente el referente, sea digno de ser citado.
Así, cuando estemos en medio de un discurso, escrito u oral, nos aseguremos de que todos sepan

que lo que decimos, no lo decimos por decir, y si bien es una redundancia, la redundancia es el hecho en sí.

Alejandra Abad R.
Escrito el 14 de marzo de 2007